Antarctica21 da un paso significativo en la forma en que comunica, pero sobre todo mide, su enfoque de la sostenibilidad. El operador chileno especializado en air-cruises a la Antártida ha publicado su primer Sustainability Report, “Ambassadors of the White Continent”, dedicado a la temporada 2025-26.
El documento no se limita a recopilar iniciativas medioambientales y sociales ya implementadas por la empresa, sino que establece una baseline a partir de la cual Antarctica21 pretende medir sus avances hasta 2033, año de su 30.º aniversario. La compañía se ha comprometido a publicar una actualización cada temporada, creando así con el tiempo una serie de datos comparables. El informe ha sido elaborado de acuerdo con los GRI Universal Standards 2021 e incorpora indicadores SASB aplicables al sector de los cruceros, con un total de 104 indicadores relacionados con las operaciones, las personas y los vínculos de la empresa con la Patagonia chilena.
Este es probablemente uno de los aspectos más interesantes del proyecto. Hablar de sostenibilidad en el turismo antártico es relativamente sencillo; traducir ese concepto en parámetros que puedan verificarse y compararse año tras año es mucho más exigente. El valor de este primer informe no reside, por tanto, en presentar Antarctica21 como un modelo definitivo para todo el sector, sino en fijar un punto de partida declarado y medible para la trayectoria de la empresa. La distinción es importante: una baseline, por sí sola, no demuestra una mejora, pero permite comprobarla en las temporadas siguientes. Y en un segmento como el de las expediciones polares, donde la sostenibilidad ya forma parte integral de la comunicación comercial, disponer de datos continuos puede contribuir a trasladar el debate de las declaraciones de intenciones a los resultados.

Durante la temporada 2025-26, Antarctica21 calculó una huella de carbono total de 6.878 toneladas de CO2 equivalente, teniendo en cuenta los Scopes 1, 2 y 3, y afirma haberla compensado íntegramente mediante créditos certificados vinculados a proyectos de energías renovables en Chile. El dato es especialmente relevante porque permite hacer visible la magnitud del impacto de las operaciones. Al mismo tiempo, compensar no equivale a reducir las emisiones realmente generadas. Uno de los elementos que convendrá observar con mayor atención en los próximos informes será, por tanto, la evolución de la huella absoluta y el peso creciente, o no, de las intervenciones directas sobre combustibles, eficiencia energética, logística y medios de transporte.
En este contexto, el programa de e-Fuel resulta especialmente interesante. Antarctica21 ha completado su segunda temporada consecutiva utilizando e-Gasoline para alimentar la flota de diez Zodiacs empleados en las operaciones de desembarco desde el Magellan Explorer. El combustible sintético se produce localmente en la planta Haru Oni de HIF Global, en la región de Magallanes, a partir de hidrógeno verde y CO2 reciclado. Antarctica21 se presenta como el primer y único operador turístico antártico que utiliza e-Fuel en sus embarcaciones de excursión. La compañía también está evaluando la posibilidad de extender el uso de combustibles sintéticos a los motores principales del buque mediante e-MGO y a las operaciones aéreas mediante e-SAF.
La escala de la iniciativa aplicada a los Zodiacs sigue siendo, naturalmente, limitada en comparación con las necesidades energéticas globales de un viaje que combina aviación y navegación oceánica. Precisamente por ello, el proyecto puede interpretarse sobre todo como un banco de pruebas operativo. Utilizar combustibles alternativos en condiciones reales y en un entorno tan complejo como la Antártida permite acumular experiencia con una tecnología que Antarctica21 pretende aplicar progresivamente a componentes mucho más relevantes de sus operaciones. En los próximos años será por tanto interesante comprobar hasta qué punto esta hoja de ruta logra pasar realmente de la experimentación a un uso a mayor escala.

El informe, sin embargo, amplía mucho más la mirada y no se limita a los combustibles. Durante la temporada analizada, Antarctica21 registra 4.180 kg de residuos locales reciclados, 1.400 kg de residuos orgánicos recuperados y 8,7 toneladas de CO2 equivalente evitadas gracias a la energía solar. La empresa señala además 730 toneladas de residuos tratados y desviados de los vertederos municipales mediante acuerdos regionales. Son cifras menos llamativas que un proyecto de e-Fuel, pero ayudan a entender hasta qué punto una estrategia de sostenibilidad depende también de la suma de numerosas decisiones operativas cotidianas.
Un ejemplo es Explorers House, el centro de expediciones de Antarctica21 en Punta Arenas. Durante el periodo cubierto por el informe, los paneles solares suministraron el 44 % del consumo energético de la instalación. Y es precisamente la relación con Punta Arenas y con la región de Magallanes la que aparece como uno de los aspectos más interesantes del documento. El turismo antártico tiende inevitablemente a concentrar la atención en el continente visitado, pero existe también un territorio de partida que hace materialmente posibles esas operaciones y que concentra personal, proveedores, infraestructuras, logística y conocimiento especializado.
En 2025-26, el 25,4 % del gasto total de Antarctica21 con proveedores se destinó a empresas de la región de Magallanes. El informe registra además más de 3.000 horas de formación e indica que el 35 % de los puestos de liderazgo están ocupados por personas que han desarrollado su carrera dentro de la compañía. En el ámbito social, la Antarctica21 Foundation llegó a 4.000 beneficiarios directos durante la temporada, mientras que el total acumulado indicado por la empresa supera ya las 17.000 personas. Este enfoque parece ampliar de manera útil el propio concepto de sostenibilidad. Medir la proporción de compras locales o el crecimiento profesional interno puede parecer menos espectacular que hablar de combustibles sintéticos, pero permite evaluar cuánto valor económico y social permanece en el territorio donde se origina la actividad turística. Antarctica21 estructura de hecho su política en torno a tres grandes áreas: responsabilidad medioambiental; creación de valor social y apoyo a la ciencia; y sostenibilidad del negocio y excelencia operativa.

A este enfoque se suman también iniciativas de economía circular de menor escala. En 2025, por ejemplo, la empresa colaboró con la compañía local Puro Viento para transformar antiguas prendas técnicas en nuevos objetos reutilizables. Se trata de intervenciones que no afectan al principal problema de las emisiones generadas por barcos y aviones y, por tanto, sería inapropiado atribuirles un peso excesivo. Sin embargo, cumplen una función complementaria al mostrar cómo la sostenibilidad se aborda tanto a través de grandes decisiones energéticas como mediante la gestión cotidiana de materiales, residuos y aprovisionamiento.
La cuestión central sigue siendo, de hecho, la que acompaña a todo el turismo antártico. Llevar viajeros a uno de los ecosistemas más remotos y sensibles del planeta requiere barcos, aviones, combustibles y una compleja cadena logística. Es una tensión estructural que ningún Sustainability Report puede eliminar. Lo que sí puede hacer un documento de este tipo es aumentar progresivamente la transparencia sobre cómo se calcula, se gestiona y, idealmente, se reduce ese impacto. Desde esta perspectiva, el dato más importante de las próximas ediciones probablemente no será la cantidad de emisiones compensadas, sino la evolución de las emisiones realmente producidas. Lo mismo ocurre con la adopción de e-Fuel: más que su utilización en diez Zodiacs, será significativo entender si y cuándo los combustibles sintéticos se incorporarán a componentes mucho más relevantes de la operación, como la propulsión de los buques y el transporte aéreo. Antarctica21 ha señalado esa dirección y los informes anuales permitirán evaluar con qué rapidez consigue avanzar por ese camino.
El proceso debe analizarse también dentro de una estrategia más amplia. En 2022, Antarctica21 creó un departamento específico de Sustainability and Energy, mientras que la empresa afirma contar con la certificación CarbonNeutral® desde 2019. Paralelamente, continúa invirtiendo en su flota: Magellan Discoverer, el nuevo buque cuya entrada en servicio está prevista para noviembre de 2026, ha sido diseñado como un barco de expedición híbrido-eléctrico y representa otro elemento del programa de evolución tecnológica del operador. El título elegido para el informe, “Ambassadors of the White Continent”, también revela una parte importante de la filosofía de la compañía. Antarctica21 sostiene que quienes visitan la Antártida pueden regresar a casa con una mayor conciencia y trasladarla a su trabajo, sus familias y sus comunidades. Es un concepto sugerente, estrechamente vinculado a la propia naturaleza del viaje de expedición, pero difícil de cuantificar. Precisamente por ello, parece útil acompañarlo de indicadores mucho más concretos: toneladas de CO2, energía producida, combustibles utilizados, gasto local, residuos recuperados, horas de formación y beneficiarios de programas sociales. La dimensión emocional del viaje puede contribuir a sensibilizar; el desempeño medioambiental del operador, en cambio, debe evaluarse mediante datos verificables.

Verónica Peragallo, CEO de Antarctica21, ha definido el informe como el inicio de un nuevo capítulo, subrayando la intención de la empresa de seguir midiendo su impacto y elevando progresivamente sus estándares. La palabra “inicio” es probablemente la más adecuada. Un primer Sustainability Report no representa un punto de llegada y todavía no permite identificar una tendencia; sí establece, sin embargo, la referencia a partir de la cual esa tendencia podrá medirse. Es aquí donde el compromiso de publicar un informe cada temporada hasta 2033 adquiere una importancia especial. Si se mantiene, permitirá construir una serie histórica con la que observar cuánto han disminuido las emisiones, qué peso han adquirido los combustibles alternativos, cómo ha evolucionado la eficiencia de las infraestructuras y cuánto valor ha permanecido en la comunidad local. En otras palabras, permitirá distinguir con mayor precisión entre objetivos, experimentación y resultados. Para un sector que comercializa el acceso a uno de los entornos más extraordinarios y frágiles del planeta, este tipo de transparencia parece destinado a ser cada vez menos accesorio y cada vez más una parte integral del propio producto. La aportación más interesante de este primer informe de Antarctica21 probablemente reside, por tanto, en su metodología: no pretende cerrar el debate sobre la sostenibilidad del turismo antártico, pero sí pone sobre la mesa una serie de cifras y un horizonte temporal claramente definido. Las próximas temporadas permitirán comprobar hasta qué punto esa baseline puede traducirse en avances medibles.
Gabriele Bassi



